Estoy hasta los huevos de esa panda de rateros, bastardos, mequetrefes, raterillos, hijos de puta, en definitiva, LADRONES.
Hoy me han robado mi bici.
Estaba debajo de mi puesto de trabajo, en la Avenida de la Castellana número 36, es decir, el distrito financiero y empresarial de un país que se considera a sí mismo del primer mundo. No estaba en una farola, o en una valla. No estaba suelta, que ya se sabe que lo que está en la calle no es de nadie. Estaba candada y con un buen candado, del que por cierto, no han dejado rastro.
Seguramente haya sido algún cabrón de mierda muerto de hambre sin escrúpulos. Un tío sin clase. La bici en cuestión no valía nada, pues fue un regalo de una amiga y estaba ya vieja. Era una Dahon verde desmontable, de los primeros modelos. Una bici fiable, robusta y elegante. No tenía valor económico; ni siquiera sentimental. Pero hacía su función: llevarme a diario de casa al trabajo. No puedo ir de otra manera. Entro a una hora que no está operativo el metro. Tampoco puedo ir en coche, aunque tengo, porque el ayuntamiento ha plagado la ciudad de zonas de aparcamiento regulado, vamos que te cobran una pasta. Encima tengo que bajar cada dos horas a echar 2,80€ por aparcar en la calle. Por cierto, un día me rozaron el coche allí, que digo yo que si estás pagando por lo menos te podían dar garantía de seguridad, como en cualquier servicio de pago. Pero eso es otro cantar. Me ceñiré al asunto.
Trabajo en una empresa ubicada en una de las zonas con más dinero de la capital. Donde se mueve el cotarro. Además es una zona videovigilada. ¿Para qué? para que un ratero muerto de hambre me robe una bici que no vale ni 5 euros. Ojalá le hubiera pillado haciéndolo. Recordáis la película de Pulp fiction, verdad, cuando Travolta dice que ojalá hubiera pillado al capuyo que le raya su flamante buga. Decía que sólo por haberlo pillado habría merecido la pena.
Creo sinceramente que ha sido mejor que yo no haya pillado robando mi bici a ese otro capuyo. Ahora seguramente estaría detenido y en la cárcel. Me caerían dos años por darle una paliza a un desgraciado. O igual 12 años por descuartizarlo.
Lo más gracioso es que estaba depositada en una zona videovigilada. ¿Videovigilada? Es decir que es un lugar con cámaras que sólo sirven para joderte, pero si te joden a ti, te jodes!
Total que con una cabreo de tres pares encamino mis pasos hacia mi humilde morada. 30 minutos de paseo o 3 trasbordos de metro. Encuentro a una agente del orden y me dirijo a hablarle. Reproduzco la conversación a continuación:
Pobre hombre sin bici: – Buenos días agente, discúlpeme!
Agente: -Buenas…
Pobre hombre sin bici: – ¿No sabrá dónde está la comisaría más cercana? es que me han robado la bicicleta.
Agente: – Pues lo siento chaval, pero no tengo ni idea. Esta zona no la conozco mucho.
Pobre hombre sin bici: – Adiós.
Hora de la conversación: 14:00 horas del miércoles 24 de marzo.
Lugar: Paseo de la Castellana con José Abascal, Madrid, España (es decir el puto centro)
¿Pero se puede ser más imbécil? ¿Cómo puede un policía Municipal de Madrid no conocer dónde se encuentra una comisaría en el jodido centro de Madrid?
Y con esto llego al tema de los impuestos, que al final, se destinan a pagar a toda una panda de incompetentes chupatintas que viven aplicando la ley del mínimo esfuerzo. Se emplean en pagar viajes a esquiar y a Malta a los jóvenes en vez de destinarse a cosas necesarias.
Mi malestar es profundo y por algún lado tiene que salir toda esa rabia. Esta tarde voy a comisaría a denunciar el robo. Se de antemano que no conseguiré nada, pero pienso recurrir a los procesos establecidos por “el sistema”. A continuación sacaré dinero y me compraré otra bici. Volveré a ir todos los días a trabajar, renunciando al coche y sin posibilidad de ir en metro porque está cerrado por las noches, también las del fin de semana, aunque serviría para que la gente se matara menos al volante, per0 ¿qué mas da? Las promesas de Esperanza Aguirre ya se sabe donde van. El caso , que me desvío, me compraré una bici, volveré a no contaminar, a hacer ejercicio, a disfrutar cada día de mi trayecto matutino al trabajo y ahorraré dinero.
Pero ahora bien, estaré atento. Me fijaré en los detalles y como encuentre mi bicicleta te mataré.
Y como alguien me vuelva a robar la bici ya sí que se acabó. No dejéis las vuestras a la vista porque robaré una. Me tomaré la justicia por mi mano
Eres un pobre hombre Dani. No te mereces que te pase eso. Haz una colecta en Facebook para comprarte otra bici… Y cuelga este artículo seguro que consigues la pasta… Yo donaría, es una buena causa.
PD: Daría algo por estar contigo un día y que vieses a algún hippie montado en tu bici… jejjeje
eso te pasa por ser un pies negros buenrollista y pensar que por estar aparcada en plena Castellana no iba a pasar un matao que te la mangase. eso sí, puedes iniciar una cadena masiva de robos de bicicletas de modernillo… cosas más raras se han visto, neno!
Buuf lo siento Dani. Qué mendigos hay por ahí, y no me refiero a los que piden dinero. Malditos bastardos. Otra injusticia más, lo siento mucho!
Estas cosas pasan…
Desde luego, has dado en el clavo con tu disposición en aquella infame conversación (pobre hombre sin bici). Grande Dani.
jajajajaajaj, vale si me la devuelves te invito a cena un chuletón
Me he comprado otra bici, la misma. como me la mangues te mataré!
Estos son los típicos tópicos del españolito de a pié. Pensamos que por estar en una zona “vip” estamos más seguros, y nos equivocamos. Esoty convencido de que si la hubieras dejado en tu trabajo en la Cañada Real no te la hubieran tocado, porque todos sabrían quién eres y qué haces y, es más, si te la hubieran robado no te hubiera molestado tanto.
En cuanto al comportamiento del agente, seguimos teniendo miedo a la autoridad, y no respeto. Tu obligación como ciudadano era tomar el número de agente y denunciar su actuación de falta de deber, pues era él quien se debiera haber preocupado de, usando su radio, facilitarte la información que solicitas, pues al fin y al cabo es un “servidor público” que nos debe el mismo respeto, o más, que nosotros a él. Yo le hubiera recriminado su comportamiento y le hubiera exigido que cumpliera con su mandato de servicio público y deber con el ciudadano. No estamos educados en ciudadanía y valores democráticos, nos escandalizamos por la aplicación de materias como Educación para la Ciudadanía que buscan, entre otras cosas, esa educación en valores de respeto social. Preferimos una educación en valores basada en el temor a un Dios de dudosa existencia, el respeto incondicional al poder establecido y el no rechistar. ¡Así va España!