Soluciones al conflicto coreano

*Alberto Lebrón, corresponsal en Asia-Pacífico

Twitter: @alebronchina

corea del norte y del surEn Corea he podido estar once días, con motivo de la tensión creciente entre los vecinos del Norte y el Sur. Cierto es que se trata de un conflicto no resuelto desde 1953. Que la Guerra Fría dejó este país dividido por el paralelo 38 tras un armisticio sin paz. Décadas en las que sobre todo Corea del Norte ha estado librando algo así como una guerra de baja intensidad. Sin embargo, y tomando la Historia como referencia, no nos equivocamos si afirmamos que las relaciones bilaterales entre ambas Coreas viven hoy sus peores momentos. En primer lugar porque, según EEUU, Corea del Norte ya tiene capacidad de ensamblar armas nucleares. Y, en segundo lugar, porque las cosas cambiaron radicalmente tras el bombardeo norcoreano sobre el archipiélago de Yeonpyeong-do hace casi tres años. Entonces murieron dos soldados y otros tantos civiles, aunque el hundimiento del buque Cheonan unos meses antes ya había causado decenas de bajas surcoreanas. Estos hechos, sin duda ninguna, constituyeron un punto de inflexión.

Para empezar, las relaciones amistosas de China y Corea del Norte se enfriaron varios grados bajo cero. Pekín y Pyongyang son dos regímenes comunistas, pero los chinos hace tiempo que no creen en la causa ideológica norcoreana. Si China mantiene con vida al histriónico y estrafalario régimen dinástico de los Kim es, simplemente, porque dejarlo caer implicaría tener bases militares americanas en su frontera nororiental. El mismo razonamiento es aplicable a Rusia, que bastante tiene con frenar la expansión americana por Europa Oriental. Corea del Norte es para ambos un buffer de seguridad fronterizo que mantiene razonablemente lejos a EEUU, nada más. Ahora bien, Corea del Norte tiene su agenda propia y no siempre coincide con los intereses chinos. La imprevisibilidad del régimen, geoestratégicamente protegido aunque con autonomía suficiente como para cometer actos de guerra sin consultarlo previamente, genera inestabilidad y momentos tan tensos como el actual.

Los ataques norcoreanos sobre Yeonpyeong-do, además, cambiaron la doctrina militar de Corea del Sur. Si hasta entonces la respuesta bélica había sido sistemáticamente descartada, las cosas iban a dar un giro de 360º. Desde aquellos terribles acontecimientos, Corea del Sur está dispuesta a responder militarmente ante cualquier provocación norcoreana. Dicho de otra forma, otro Yeonpyeong-do desataría una nueva guerra en Corea.

 Ahora Corea del Norte amenaza con lanzar uno o varios misiles intercontinentales. Si dichos misiles caen finalmente al mar, como ha ocurrido otras muchas veces, nada ocurrirá salvo que la ONU debatirá nuevas sanciones sobre Corea del Norte. Ello no haría más que dejar las cosas como están, abonando el terreno para otra escalada de tensión. Sin embargo, dichos misiles pueden alcanzar tanto Guam como Alaska; por no decir Japón y Corea del Sur. Que causen daños parece improbable, si bien el tener que interceptarlos ya podría constituir un acto de guerra. Sin embargo, todo esto también podría ser una estrategia para llamar la atención de EEUU. “El joven Kim Jong-un se muere de ganas por reunirse con Obama”, según declaró recientemente Dennis “The Worm” Rodman.Kim-Jong-un

En Corea del Sur, prácticamente, todos descartan la guerra. Kim Taewoo, del Instituto Intercoreano por la Reunificación Nacional, apunta que norcorea no tiene intención de suicidarse. “Los líderes viven muy bien. Eso sí, querrán hacerse con bombas atómicas como medida disuasoria para evitar invasiones. Su prioridad es perpetuar el Régimen, no acabar como Saddam Hussein”, nos comentó este reconocido experto en Seúl.

El complejo económico conjunto de Kaesong lleva ya dos semanas cerrado. Muchos surcoreanos, en esa misma frontera, rehusaban hablar con los periodistas. “Queremos una buena relación con Corea del Norte. Ustedes, los medios extranjeros, siempre la atacan. Son sensacionalistas. Esto solamente aumenta la tensión y es malo para nuestros empleos”, me comentaban dos operarios en aquel checkpoint.

En Yeonpyeong-do, sin embargo, la gente sí que mantiene una actitud más hostil hacia Corea del Norte, especialmente tras los ataques de 2010. En aquella pequeña isla del Mar Amarillo todavía viven algunos norcoreanos que cambiaron de bando durante la guerra. Y es muy difícil, también, escuchar buenas palabras sobre China. En pleno Paralelo 38, Yeonpyeong-do constituye una frontera ideológica que separa las dos Coreas.

Otro lugar especial que pude visitar durante aquellos días fue Tong il-Cun, o el Pueblo de la Reunificación. En las montañas que separan ambas Coreas, muchos de sus habitantes son ancianos. “Llegué aquí en los años 70 porque me pensé que la reunificación llegaría”, me comentó un anciano agricultor de nombre Sungdong Jun. “Nosotros solo queremos la paz. Culpo al gobierno surcoreano porque es incapaz de conseguirla. No creo en nada ya”, concluye. Cerca del complejo Kaesong, los mensajes en clave conciliadora eran la tónica dominante.

Resultaba extraño que, trescientos kilómetros al noreste de Seúl, alguien estuviese amenazando con una guerra nuclear y la vida siguiera su curso como si nada. Posible pero improbable, era la matemática básica del pragmatismo habitual por estas latitudes, poco dada a exagerar los riesgos. Un riesgo que, dicho sea de paso, no ha desaparecido.

 la proxima guerra corea del norte en semi alerta bandera corea del surTiempo habrá de analizar las posibles soluciones del rompecabezas coreano, que pueden pasar por dos países independientes con un norte pro-chino, desarrollista y sin Kim Jong-un. Una reunificación bajo el paraguas surcoreano, aspiración de máximos para Washington, se antoja más difícil por razones geoestratégicas. Y Corea como catalizador de una III Guerra Mundial queda lejos, improbable, aunque también es posible. Muchos son los escenarios que se podrían plantear. Yo, francamente, desconozco qué puede ocurrir mañana. Lo más que puedo hacer, como todos, es plantear el problema mezclando análisis de experiencias previas con algunas vivencias recientes en primera persona. Esperaba, quizás, una actitud más beligerante hacia Corea del Norte. Lo vivido allí, sin embargo, me hace “descartar” la posibilidad de una guerra. Veremos.

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