La Pirámide Nacional

 Se acercan las elecciones autonómicas vascas y gallegas, y en el horizonte se pueden divisar las catalanas. Y llegan justo después del mayor brote secesionista que hemos conocido en nuestras cortas vidas.

Esta mañana me he leído un artículo de opinión muy interesante en el que se cuestionaba cómo se puede ser nacionalista y de izquierdas. Todo aquel que me conozca un poco sabrá que, en general, lo que a mi me gusta es discutir, me gusta pasar por falangista si hablo con un bolchevique, y me gusta pasar por abertzale si hablo con un carlista. En definitiva, me gusta tocar los cojones y demostrar que nadie tiene la verdad absoluta.

El artículo al que me refiero me ha gustado mucho porque dice cosas en las que siempre he creído, sin embargo creo que puedo explicar las dudas que plantea dicho artículo, o al menos lo intentaré.

Sin querer explicarle a nuestro avezado lector en qué consiste el nacionalismo (lenguaje, territorio, cultura, folklore,…), sí que quiero explicar cómo funciona, y lo haré en base a la conocida Pirámide de Maslow . Este señor escribió en 1943 una más que recomendable obra llamada “A Theory of Human Motivation”, en ella explicaba, resumiéndolo grosso modo, que existe una prelación de necesidades que tal y como se van satisfaciendo se va procurando subir al siguiente nivel para sentirse realizado. Es decir, y explicándolo burdamente, tú antes de hacer nada lo primero que necesitas es comer, luego que no pueda venir cualquiera quitarte las habichuelas, después poder compartir con quien tu quieras ese plato de alubias, más tarde que la gente te diga que eres el amo haciendo el potaje y por último poder escribir un libro con tus recetas de puchero. No es una explicación muy exacta de la Pirámide, pero en líneas generales, me vale para explicar lo que quiero.

El nacionalismo entronca su argumentación en los diversos escalones de dicha argumentación.

Empezaré explicando el lado más duro y aglutinador del nacionalismo, ésto es la necesidad de una identidad nacional como defensa de lo nuestro frente al invasor. Todo nacionalismo necesita un antagonista y si no, lo ha de inventar. La contraposición a un enemigo que entre a tu casa mate a tu familia, usurpe tu propiedad y robe tus bienes. Se da en todos y cada uno de los nacionalismos, por ejemplo, los EE.UU. de América surgieron por la necesidad de defenderse contra los desmanes impositivos del rey de Inglaterra, podrán adornarlo con derechos individuales, con ansias de un futuro mejor, o con lo que quieran. Pero esto fue así. Si os paráis a pensar por un segundo en cualquier nacionalismo exacerbado, veréis que todos tienen uno o varios enemigos per se. Esta necesidad de seguridad es el segundo escalón de la Pirámide, uno de los más básicos, el que te hace unirte con los que están cerca para defenderte y generar odio a todo lo que venga de fuera.

El lado amable del nacionalismo se encuentra en el tercer escalón. Maslow lo llama afiliación. Es más que evidente que todo el mundo siente cierto cariño por su tierra, sus costumbres, su modo de vida en general. Defendemos lo indefendible por decir que lo nuestro es lo mejor, aunque sepamos que es mentira. Si tú hablas con alguien de tu mismo lugar, probablemente saques todos los defectos y deficiencias que aquejan esos lares, pero si en la conversación se encuentra alguien foráneo, sacarás a relucir sólo las bondades de tu tierra. Eso es lo que nos gusta destacar, lo que es imposible que sea malo. Ya sea la ensaimada, la morcilla, el txacolí, los castellets, la muñeira, el mus, es lo que hemos mamado desde pequeños, lo que no hace daño a nadie, y aunque realmente no te guste, siempre lo tendrás cierto aprecio.

En el cuarto escalón nos encontramos con el reconocimiento. Toda nación necesita héroes, símbolos con los que sentirse identificados, poder saber que si actúas por el bien de los que están cerca, recibirás el aprecio y el reconocimiento, pondrán tu nombre a una plaza e igual hasta te hacen una estatua. Medallas en el Ejercito, los premios Príncipe de Asturias, ser hijo predilecto de tu pueblucho. En resumen, motivarte para que veas que tu esfuerzo por la patria tiene una recompensa. En España adolecemos de esta falta de reconocimiento, nos encanta menospreciar a aquellos que destacan hasta el día en que se mueren o lo dejan. Así somos.

Os preguntareis porqué no he hablado todavía el primer escalón. Esto se debe a que lo quería dejar expresamente para el final. El nacionalismo siempre surge o resurge con fuerza en aquellos periodos históricos en los que la situación económica es especialmente mala. Cuando la situación económica de un país es especialmente crítica, es cuando los grupos separatistas y nacionalistas consiguen mayores apoyos. Achacan las culpas de sus males al Estado central que se olvida de ellos, pese a que como ha quedado demostrado, con la secesión las cosas no suelen ir a mejor. Un ejemplo de esto puede ser Cuba. Cuando en 1898 lograron la independencia de España, fue gracias al apoyo estadounidense; pero previamente, 30 años antes, sucedió el famoso Grito de Yara, esto fueron una serie de reclamaciones basadas en el abandono en el que la metrópoli les había sumido, ya que tenía que centrarse en los problemas internos debido a las diversas revoluciones sucedidas en esa época junto con las pertinaces guerras carlistas. Tras la independencia de España, las cosas no fueron a mejor, una oligarquía financiada con el dinero americano se hizo con el poder, generando aún más desigualdad que la que imperaba bajo el yugo español. Esta pérdida colonial supuso para España el auge definitivo para los nacionalismos periféricos, los cuales se vieron envalentonados al no poder obtener los beneficios económicos que anteriormente obtenían allende los mares. La crisis del 29 tuvo su reflejo en España con la proclamación de la República, y otra vez los nacionalismos se auparon al poder debido a la lacra económica reinante. Como este ejemplo se pueden poner doscientos.

Nos encontramos en un momento difícil, en un caldo de cultivo bien preparado para que este tipo de cosas ocurran. En donde todos los escalones de la Pirámide están pavimentados para alcanzar estas ansias soberanistas. Hace unos años a nadie le atemorizó el Plan Ibarretxe, por lo menos no al nivel de la cuestión secesionista catalana. Básicamente se propugnaba lo mismo que dice hoy en día Artur Mas, y sin embargo no ocurrió nada. ¿En qué se diferenciaba uno y otro? En que a Ibarretxe le faltaba el primer escalón.

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