La resaca de los festejos aún resuena en las calles mientras los encargados de la limpieza pública retiran pancartas y barren propaganda. Los simpatizantes de la derecha despliegan banderas en sus balcones y se frotan las manos con la expresión en el rostro de quien parece decir “ahora van a ver”.
El aplastante triunfo del lider del Partido Popular en las pasadas elecciones generales del 20 de Noviembre ha sido, en parte, la respuesta de un sector de la población a la nula eficacia de los socialistas para disimular el entuerto en el que el país está sumido. Sin embargo este resultado no augura más que el mismo desconcertante presente en el que los españoles están inmersos; a no ser, claro, que las tijeras comiencen a recortar por donde más duele, para así calmar las ansias de algunos acomodados que, siguiendo la máxima de Rajoy, desean “que España recobre el lugar de privilegio que merece en la Unión Europea”. La secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, ya lo advirtió antes de celebrarse los comicios. “Ahora toca apretarse el cinturón”, dijo; y seguidamente aseguró que “las medidas que Mariano Rajoy tomará para salir de la crisis provocarán protestas y malestar”.
Las medidas a las que hacía referencia Cospedal son las que ningún trabajador ignora, por lo tanto podría decirse que de esta preocupación quedan exentos casi cinco millones de ciudadanos que en estos momentos se encuentran sin trabajo. Sin embargo todo parece indicar que los recortes previstos afectarán también a los subsidios que los desempleados cobran gracias a otras medidas sociales tomadas anteriormente, y que benefician o subsanan los vaivenes económicos de la clase obrera. Pero ojalá las malas nuevas se redujeran apenas a este ajuste de cinturón. Los logros alcanzados por España en el plano social, van a ser revisados desde la A hasta la Z (Zeta de Zapatero). La Educación y la Sanidad pasarán a un plano secundario, ya que según el proyecto de gobierno de Mariano Rajoy, el plan de auSteridad incluye también a estos dos pilares fundamentales que ya vienen experimentando un deterioro incompatible con lo que en el imaginario colectivo son o deberían ser; siempre refiriéndonos a escuelas y centros médicos de un país del Primer Mundo.
Como si esto fuese poco, el triunfo apabullante del PP termina de inclinar hacia la derecha a una España que ya venía encaminada en esa dirección y así lo habían demostrado las urnas en las elecciones autonómicas del pasado mayo. Ahora los conservadores tienen vía libre para comenzar su programa de gobierno con los tijeratazos previstos para reducir el déficit público y continuar fieles al neoliberalismo con el pretexto de evitar la recesión.
“Entereza, unidad y patriotismo” es lo que pide Rajoy al conjunto del pueblo español. Y en este pedido va implícito lo que vendrá, sin mencionar aún cómo y cuando comenzará lo que él considera la puesta en marcha de la “España que siempre fuimos y de la que debemos recuperar el orgulloso”.
El poder que ostentará el flamante presidente de España, es absoluto. El grave problema financiero que deberá enfrentar será su máximo desafío. La pregunta que surge es quién pagará el precio para ubicar a España en el sitio privilegiado en el que, según Rajoy, nunca debió dejar de estar.